
El SARS-CoV2, es el virus del nuevo milenio, es un virus muy agresivo y letal, el cual una vez que ingresa al organismo su principal misión será crear copias de sí mismo para replicarse y expandirse; y para hacerlo necesita encontrar una forma de entrar a las células.
Para muchos pacientes ese es el momento donde inician los primeros síntomas de la enfermedad, para algunos sólo son síntomas similares a los de un resfrío común y para otros, síntomas más molestos como fiebre persistente durante varios días, decaimiento y malestar general, perdida de gusto y perdida del olfato el cual lleva al paciente a una inapetencia. Es importante que el paciente comprenda que este es el momento de acudir a una evaluación médica, la cual le dará el diagnóstico oportuno y así iniciará un tratamiento acorde a sus necesidades.
Cada paciente guarda dentro de sí mismo un sin número de interrogantes acerca del COVID-19, por lo que es de vital importancia saber cómo queda cada paciente luego de padecerla.
Estas son las llamadas “secuelas”, que se manifiestan de forma indistinta en cada paciente por lo que el tratamiento y manejo debe ser individualizado para cada paciente, tomando en cuenta la entrevista personal con el médico tratante. Teniendo en cuenta que aquel paciente quien recibió tratamiento oportuno desde el inicio del cuadro presentara menores secuelas o, síntomas más leves.
Diariamente llegan a consulta pacientes que presentan dolor torácico posterior tipo punzada o en algunos casos tipo quemazón, la intensidad de este dolor puede variar según el umbral de dolor del paciente o según el daño causado durante el proceso de la enfermedad activa.
Se agregan síntomas como una tos seca persistente, ardor al deglutir en términos coloquiales la famosa “garraspera”, las cuales con un adecuado seguimiento y manejo ambulatorio otorgan al paciente mayor alivio, de estos molestos síntomas.
Para algunos puede presentarse con enrojecimiento de escleras, comúnmente llamado “ojos rojos”, el cual se presenta con escozor y lagrimeo frecuente.
Otro síntoma muy frecuente es el dolor en el pecho tipo opresión, que ocasiona una sensación muy desesperante para quien la padece, que puede confundirse con un paro cardiaco.
En algunos casos persiste una dificultad respiratoria y sensación de ahogo, el cual debe ser valorada de manera oportuna, tomando en cuenta la saturación de Oxígeno.
Incluso el paciente puede presentar problemas en la salud mental, como la depresión, crisis de ansiedad y miedo, sensación de culpa, trastornos obsesivos, entre otros. Los cuales generan que el paciente no se recupere y retrasan el proceso de mejoría.
En hora buena muchos pacientes han superado el COVID-19, pero muchos de ellos presentan secuelas o alteraciones que se manifiestan aun después de la recuperación. Es importante tener en cuenta que esta fase es una fase de recuperación, rehabilitación y sobre todo un proceso de “Cicatrización”. Por lo cual, la recuperación total es paulatina, progresiva y muy positiva de seguir las indicaciones dadas por el médico tratante.
Al tratarse de una enfermedad producida por un virus tan agresivo, el tiempo para una recuperación total es muy variante e indistinto en cada paciente.